MANIFESTACIONES CLÍNICAS  DE FALTA DE  ASERTIVIDAD

 

conceptos

posibles tipos de respuesta ante situaciones que requieren ser asertivo

La asertividad es un tipo de habilidad social que se posee en mayor o menor medida. Además, una misma persona puede exhibir una respuesta más o menos asertiva según la situación que afronte y el momento en que ésta se produzca.

Por tanto, la asertividad debe considerarse una habilidad cuantitativa o dimensional (de más a menos) y no cualitativa o categorial (de todo o nada).

Ante una situación que requiere una respuesta asertiva, la persona puede reaccionar más o menos activamente. Atendiendo a esta variable, la asertividad se sitúa en un término medio. En casos extremos encontramos de una parte, una reacción excesiva con una respuesta verbal y/o física de tipo agresivo, y de otra, una inhibición de la conducta verbal y/o física.

Su representación gráfica podría tomar la siguiente forma:

 

  RESPUESTA                                                                              RESPUESTA
  ACTIVA                                                                                       INHIBIDA

 
  agresividad        respuesta        respuesta activa        inhibición de
                        asertiva           poco asertiva            la respuesta

 

A pesar de la variabilidad de respuestas que puede manifestar una misma persona, si sus habilidades asertivas son insuficientes suele presentar respuestas extremas con más frecuencia de lo que desearía.
En algunos casos existe mayor tendencia a uno de los dos extremos, pero lo más frecuente es oscilar de uno a otro. Ambos extremos tienen en común el exceso de ansiedad que acompaña a la respuesta.

Para mayor entendimiento del tema, a continuación se expone las consecuencias desestabilizadoras que tiene cada una de las tendencias de respuesta extrema.

 

Carme Saltó Sánchez
Psicóloga Clínica
Núm. col.: 08141
Tel.: 93-4102437

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consecuencias de  la tendencia a responder agresivamente

La respuesta de tipo agresivo se produce como defensa ante una situación que la persona percibe como fuente de peligro o amenaza para sí mismo, aunque en realidad no lo sea o lo sea en menor medida. Cuando esa valoración extrema se repite a menudo ante situaciones similares, se fundamenta en creencias disfuncionales que impiden una valoración emocionalmente más neutra y una respuesta más racional, adaptativa, y considerada hacia los demás. Muchas de esas creencias impiden incorporar, con toda naturalidad, los derechos asertivos que toda persona tiene. 

De hecho muchas personas que tienden a actuar agresivamente ante este tipo de situaciones, creen estar actuando asertivamente, olvidando los sentimientos y los derechos asertivos de los demás. En esos momentos carecen de la empatía suficiente para tratar con ellos,  corriendo el peligro de romper la relación de confianza.

Por tanto, en el objetivo de cambiar la respuesta agresiva por otra de tipo asertivo será necesario revisar y modificar el sistema de creencias. Para ello se recomienda la ayuda de un psicólogo clínico cognitivista .

De la tendencia a responder agresivamente, se derivan dos tipos de consecuencias, las inmediatas y las que ocurren a medio-largo plazo.

Consecuencias inmediatas:

  • Se produce una descarga de la tensión, sintiendo un alivio inmediato.
  • El receptor de la agresión podría presentar una reacción de sumisión, o por el contrario, defenderse mediante respuestas también agresivas, entrando en una escalada que difícilmente favorecerá el entendimiento mutuo.

Consecuencias a medio-largo plazo:

  • La persona que ha producido la agresión podría tener sentimientos de culpa y de contrariedad por lo ocurrido.
  • Puede intentar justificar su conducta buscando argumentaciones que difícilmente resultarán suficientes. Este proceso conlleva una evocación de lo ocurrido, por lo que se reviven los sentimientos de inseguridad y agresivos que estuvieron presentes en la situación.
  • El auto concepto que construye la persona agresiva está marcado por episodios de descontrol emocional.
  • Disminuye la autoestima que se basa en aspectos negativos de su auto concepto.
  • Son frecuentes los episodios de desmoralización.
  • Con la finalidad de no volver a pasar por este proceso es probable que, en situaciones similares, la persona opte por inhibirse renunciando a ejercer sus derechos asertivos.
  • Dificulta la construcción y mantenimiento de una relación de confianza.
  • Puede generar sentimientos hostiles en el receptor de la agresión.
  • El receptor puede sentirse dolido y reaccionar distanciándose del agresor.

 

consecuencias de la tendencia a la inhibición

La inhibición ante situaciones que requiere ser asertivo, se produce por el temor a las consecuencias que se prevé podría tener cualquier conducta activa. Igual que en el caso de la tendencia a responder agresivamente, la persona implicada en la situación la valora como fuente de peligro o amenaza para sí mismo aunque en realidad no lo sea, o lo sea en menor medida. Ante este panorama, decide no actuar.

Cuando esa valoración extrema se repite a menudo ante situaciones similares, se fundamenta en creencias disfuncionales que impiden una valoración emocionalmente más neutra y una respuesta activa y adaptativa. Esas creencias impiden, de nuevo, actuar y hacer prevalecer los derechos asertivos que toda persona tiene. 

De la tendencia a inhibirse ante este tipo de situaciones se derivan dos tipos de consecuencias, las inmediatas y las que ocurren a medio-largo plazo.

Consecuencias inmediatas:

  • La persona se ve liberada de la tensión que le ocasiona el afrontamiento activo de la situación, evitando cualquier conflicto con el interlocutor que pudiera derivarse de su conducta.
  • Renuncia a manifestar sus derechos asertivos y por lo tanto, a dar a conocer aspectos importantes de su persona.
  • Se muestra como una persona gregaria con el grupo.

Consecuencias a medio-largo plazo:

  • Alimenta creencias y sentimientos de temor hacia los demás al no tener la oportunidad de comprobar la aceptación de los demás hacia sus propias opiniones, sentimientos, ideas e intenciones.
  • Asume posiciones que no desea y contrarias a su modo de proceder.
  • Aumenta su sensación de inadecuación personal.
  • Fruto de lo anterior, va desarrollando una baja autoestima.
  • Son frecuentes los episodios de desmoralización y los sentimientos de soledad.
  • Genera sentimientos de hostilidad hacia los que le rodean y creencias de ser tratado injustamente.
  • Puede provocar indiferencia en los demás.
  • Puede tener reacciones agresivas descontextualizadas como reacción a la construcción que se ha hecho del mundo. Si ello sucede, sus conductas pueden resultar extrañas a los ojos de los demás que no entenderán su reacción. 
  • Dificulta la construcción y mantenimiento de una relación de confianza.
Carme Saltó Sánchez
Psicóloga Clínica. Terapeuta del Grupo de Autoayuda Guiado para  Fobia Social.

 

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