ANSIEDAD SOCIAL
Y
FOBIA SOCIAL
Red de la Ansiedad
Social y la Fobia Social
cuestionario
Cuestionario de auto evaluación de la Fobia Social.
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  Ansiedad social
 

 

          1. Ansiedad normal
          2. Ansiedad patológica
          3. Ansiedad social

1, Ansiedad normal

Cuando sentimos un peligro o amenaza para nuestra integridad física o psíquica, el organismo se adapta rápidamente a la situación mediante una reacción de alerta.

Es el mecanismo fisiológico del miedo que tiene un gran valor para la supervivencia ya que prepara al cuerpo para la lucha o la huida, mejorando su rendimiento en situaciones complejas.

Se localiza en la acción del sistema simpático que produce una serie de cambios rápidos y breves en el sistema neurovegetativo:

  • incremento del ritmo cardíaco y de la presión sistólica,
  • incremento de la conductancia electrodermal,
  • vaso dilatación en las regiones musculares, incrementándose el tono muscular,
  • aumento del ritmo respiratorio,
  • constricción de los vasos sanguíneos de la superficie de la piel, y
  • dilatación de las pupilas de los ojos.

Mediante el ejemplo que se expone a continuación se facilita la comprensión del papel que juega cada uno de estos cambios:

Supongamos que estamos cocinando en casa y de repente percibimos fuego en la sartén, alcanzando las llamas a la cortina. En caso que nuestro sistema de alarma funcione normalmente, es muy posible que de inmediato

  • lo evaluemos como una situación de peligro por la posibilidad de que se extienda el fuego al resto de la cocina (respuesta de procesamiento cognitivo),
  • sintamos un miedo repentino e intenso (respuesta emocional),
  • aumente el ritmo cardíaco y con ello, el transporte sanguíneo de nutrientes a los músculos de las piernas y de los brazos preparándolos para la marcha y el esfuerzo físico. Paralelamente, aumente la velocidad respiratoria, acrecentando la respuesta de atención y de vigilancia (respuestas fisiológicas).
  • Todo esto facilita la percepción inmediata de los detalles más importantes y relevantes de la situación, la toma rápida de decisiones (respuesta de procesamiento cognitivo)
  • y la consecuente actuación inmediata: llevar la sartén a la fregadora mientras abrimos el grifo del agua, y mojamos la cortina intentando sofocar el fuego...(respuesta conductual).

Una vez resuelto el peligro, el sistema neurovegetativo obtiene de nuevo el equilibrio activando el sistema parasimpático.

Este mecanismo es compartido por otros organismos vivos y tiene la función de velar por la supervivencia frente a peligros que la amenazan.

En el hombre, no sólo actúa ante situaciones que amenazan la integridad física. También lo hace cuando se enfrenta a situaciones complejas que comprometen su autoestima, como pueden ser presentarse a un examen, determinadas interacciones sociales, optar a un puesto de trabajo....Son situaciones que requieren un esfuerzo extra en el rendimiento personal. Contemplan la posibilidad de obtener una mejora o ganancia, aunque también encarnan el peligro del fracaso con el coste personal que ello conlleva.

Un mecanismo similar se pone en funcionamiento al afrontar situaciones de alto nivel de novedad y por tanto, imprevisibles. Estas situaciones se valoran como portadoras de cierto grado de peligro o riesgo, bien sea físico, psíquico, social, o laboral, porque faltan experiencias personales previas que puedan servir de referentes para anticipar lo que puede suceder.

Las personas que toleran peor la ambigüedad y la incertidumbre, reaccionan con mayor ansiedad. Entendemos por ansiedad el mecanismo que tiene lugar ante situaciones complejas, similar al del miedo anteriormente explicado.

Por tanto, este sistema de alerta y activación propio de la ansiedad normal:

  • tiene una función adaptativa al medio,
  • mejora el rendimiento en situaciones complejas de peligro o conflicto, y
  • produce una emoción reactiva y proporcional a la situación amenazante.

En resumen, esta hiperactivación resulta saludable siempre y cuando no actúe en exceso. Si la persona está sometida a una excesiva cantidad de peligros (objetivos o subjetivos), o bien éstos se prolongan demasiado en el tiempo, entra en un estado constante de estrés que desgasta el organismo.

2. Ansiedad Patológica

La ansiedad deja de ser normal para pasar a ser patológica cuando se desconoce aquello que desencadena la sensación de peligro, o bien se conoce, pero objetivamente no es lo bastante amenazante como para justificar la intensidad y duración del malestar emocional (sensación de miedo, amenaza o inseguridad) y la activación fisiológica (sudor, palpitaciones, taquicardia, náuseas, diarreas, tensión muscular, sensación de ahogo, temblor...).

Simplificando, podemos decir que la persona que sufre ansiedad patológica hace una distinción insuficiente y de poca calidad entre lo que es y lo que no es peligroso, y tiene problemas para acostumbrarse o habituarse a aquello que le desencadena el malestar, a pesar de saber que es inofensivo.

A efectos prácticos, veamos el ejemplo siguiente:

María ha iniciado un nuevo trabajo. Desconoce las "reglas internas" de la empresa que normalmente no se hacen explícitas, como podrían ser el ritmo de actividad, el rol social de cada uno de los compañeros, la dinámica relacional entre el grupo de trabajadores, el trato que se le dispensa al jefe....

Estos factores, como toda novedad, provoca sensación de incertidumbre. María va descubriendo las "reglas" a medida que prueba algunas iniciativas arriesgándose a comprobar si son bien acogidas o no. Si lo son, tenderá a repetirlas, y si no, tenderá a no reproducirlas de nuevo.

En este contexto, es de esperar que en sus primeros días en la nueva empresa, María esté un poco más ansiosa de lo normal. Lo que ya se escapa del marco de la normalidad es que pasado el período de adaptación siga sintiendo inseguridad, sufriendo taquicardia, sudoración excesiva, nauseas, y le asalten pensamientos catastrofistas acerca de su futuro en la nueva empresa.

Por tanto, la ansiedad patológica:

  • Dificulta la adaptación al medio,
  • Empeora el rendimiento,
  • Se acompaña de sensaciones corporales intensas y desagradables,
  • El sentimiento de amenaza y de preocupación es desproporcionado a la situación que lo desencadena, o bien, simplemente es inespecífico y no está ligado a situación alguna,
  • Es una emoción persistente que reduce la libertad de acción de la persona.

3. Ansiedad Social

La ansiedad social consiste en un miedo intenso ante situaciones sociales en las que la persona se expone a ser observada por otros. Teme decir algo o comportarse de manera que valora como humillante o embarazoso.

Son muchas las personas que conocen estas sensaciones y que las han sentido en determinadas circunstancias. Es probable que el lector de este texto recuerde haber pasado por alguna de estas experiencias (p. ej.: antes de hablar en público, en las primeras citas de los enamorados...).

Sentir cierta ansiedad social en algunas situaciones nuevas o que requieren alto rendimiento personal es, como he dicho normal, ya que prepara fisiológicamente a la persona para que esté más alerta, más atenta, concentrada, y activada.

La ansiedad social es un estado en el que puede verse sumergido el tímido, pero no es exclusivo de él. Por tanto, timidez y ansiedad social no es el mismo concepto (el lector puede consultar el apartado de timidez de esta página para completar la información).

Que esta ansiedad sea más intensa y frecuente y por tanto, desadaptativa, dependerá en parte, de características personales y de estados emocionales alterados, como baja autoestima, timidez, tendencia a la ansiedad, y estados depresivos, entre otros.

Existen diversos grados de ansiedad social. Es un concepto dimensional y no categorial, es decir, puede ser normal o patológica en función de la intensidad y/o de la frecuencia con la que se presenta. Cuando son altas, puede dar lugar a la fobia social.