1, Ansiedad normal
Cuando sentimos un peligro o amenaza para nuestra integridad
física o psíquica, el organismo se adapta rápidamente
a la situación mediante una reacción de alerta.
Es el mecanismo fisiológico del miedo que tiene
un gran valor para la supervivencia ya que prepara al cuerpo
para la lucha o la huida, mejorando su rendimiento en situaciones
complejas.
Se localiza en la acción del sistema
simpático que produce una serie de cambios rápidos
y breves en el sistema neurovegetativo:
- incremento del ritmo cardíaco y de la presión
sistólica,
- incremento de la conductancia electrodermal,
- vaso dilatación en las regiones musculares, incrementándose
el tono muscular,
- aumento del ritmo respiratorio,
- constricción de los vasos sanguíneos de
la superficie de la piel, y
- dilatación de las pupilas de los ojos.
Mediante el ejemplo que se expone a continuación
se facilita la comprensión del papel que juega cada
uno de estos cambios:
Supongamos que estamos cocinando en casa y de repente
percibimos fuego en la sartén, alcanzando las llamas
a la cortina. En caso que nuestro sistema de alarma funcione
normalmente, es muy posible que de inmediato
- lo evaluemos como una situación de peligro por
la posibilidad de que se extienda el fuego al resto de
la cocina (respuesta de procesamiento cognitivo),
- sintamos un miedo repentino e intenso (respuesta emocional),
- aumente el ritmo cardíaco y con ello, el transporte
sanguíneo de nutrientes a los músculos de
las piernas y de los brazos preparándolos para la
marcha y el esfuerzo físico. Paralelamente, aumente
la velocidad respiratoria, acrecentando la respuesta de
atención y de vigilancia (respuestas fisiológicas).
- Todo esto facilita la percepción inmediata de
los detalles más importantes y relevantes de la
situación, la toma rápida de decisiones (respuesta
de procesamiento cognitivo)
- y la consecuente actuación inmediata: llevar la
sartén a la fregadora mientras abrimos el grifo
del agua, y mojamos la cortina intentando sofocar el fuego...(respuesta
conductual).
Una vez resuelto el peligro, el sistema neurovegetativo
obtiene de nuevo el equilibrio activando el sistema parasimpático.
Este mecanismo es compartido por otros organismos vivos
y tiene la función de velar por la supervivencia frente
a peligros que la amenazan.
En el hombre, no sólo actúa ante situaciones
que amenazan la integridad física. También
lo hace cuando se enfrenta a situaciones complejas que comprometen
su autoestima, como pueden ser presentarse a un examen, determinadas
interacciones sociales, optar a un puesto de trabajo....Son
situaciones que requieren un esfuerzo extra en el rendimiento
personal. Contemplan la posibilidad de obtener una mejora
o ganancia, aunque también encarnan el peligro del
fracaso con el coste personal que ello conlleva.
Un mecanismo similar se pone en funcionamiento al afrontar
situaciones de alto nivel de novedad y por tanto, imprevisibles.
Estas situaciones se valoran como portadoras de cierto grado
de peligro o riesgo, bien sea físico, psíquico,
social, o laboral, porque faltan experiencias personales
previas que puedan servir de referentes para anticipar lo
que puede suceder.
Las personas que toleran peor la ambigüedad y la incertidumbre,
reaccionan con mayor ansiedad. Entendemos por ansiedad el
mecanismo que tiene lugar ante situaciones complejas, similar
al del miedo anteriormente explicado.
Por tanto, este sistema de alerta y activación propio
de la ansiedad normal:
- tiene una función adaptativa al medio,
- mejora el rendimiento en situaciones complejas de peligro
o conflicto, y
- produce una emoción reactiva y proporcional a
la situación amenazante.
En resumen, esta hiperactivación
resulta saludable siempre y cuando no actúe en exceso.
Si la persona está sometida a una excesiva cantidad
de peligros (objetivos o subjetivos), o bien éstos
se prolongan demasiado en el tiempo, entra en un estado
constante de estrés que desgasta el organismo.
2. Ansiedad Patológica
La ansiedad deja de ser normal para
pasar a ser patológica cuando se desconoce aquello
que desencadena la sensación de peligro, o bien
se conoce, pero objetivamente no es lo bastante amenazante
como para justificar la intensidad y duración del
malestar emocional (sensación de miedo, amenaza
o inseguridad) y la activación fisiológica
(sudor, palpitaciones, taquicardia, náuseas, diarreas,
tensión muscular, sensación de ahogo, temblor...).
Simplificando, podemos decir que
la persona que sufre ansiedad patológica hace una
distinción insuficiente y de poca calidad entre
lo que es y lo que no es peligroso, y tiene problemas para
acostumbrarse o habituarse a aquello que le desencadena
el malestar, a pesar de saber que es inofensivo.
A efectos prácticos, veamos
el ejemplo siguiente:
María ha iniciado un nuevo
trabajo. Desconoce las "reglas internas" de la
empresa que normalmente no se hacen explícitas,
como podrían ser el ritmo de actividad, el rol social
de cada uno de los compañeros, la dinámica
relacional entre el grupo de trabajadores, el trato que
se le dispensa al jefe....
Estos factores, como toda novedad,
provoca sensación de incertidumbre. María
va descubriendo las "reglas" a medida que prueba
algunas iniciativas arriesgándose a comprobar si
son bien acogidas o no. Si lo son, tenderá a repetirlas,
y si no, tenderá a no reproducirlas de nuevo.
En este contexto, es de esperar que
en sus primeros días en la nueva empresa, María
esté un poco más ansiosa de lo normal. Lo
que ya se escapa del marco de la normalidad es que pasado
el período de adaptación siga sintiendo inseguridad,
sufriendo taquicardia, sudoración excesiva, nauseas,
y le asalten pensamientos catastrofistas acerca de su futuro
en la nueva empresa.
Por tanto, la ansiedad patológica:
- Dificulta la adaptación
al medio,
- Empeora el rendimiento,
- Se acompaña de sensaciones
corporales intensas y desagradables,
- El sentimiento de amenaza y de
preocupación es desproporcionado a la situación
que lo desencadena, o bien, simplemente es inespecífico
y no está ligado a situación alguna,
- Es una emoción persistente
que reduce la libertad de acción de la persona.
3. Ansiedad Social
La ansiedad social consiste en un
miedo intenso ante situaciones sociales en las que la persona
se expone a ser observada por otros. Teme decir algo o
comportarse de manera que valora como humillante o embarazoso.
Son muchas las personas que conocen
estas sensaciones y que las han sentido en determinadas
circunstancias. Es probable que el lector de este texto
recuerde haber pasado por alguna de estas experiencias
(p. ej.: antes de hablar en público, en las primeras
citas de los enamorados...).
Sentir cierta ansiedad social en
algunas situaciones nuevas o que requieren alto rendimiento
personal es, como he dicho normal, ya que prepara fisiológicamente
a la persona para que esté más alerta, más
atenta, concentrada, y activada.
La ansiedad social es un estado en
el que puede verse sumergido el tímido, pero no
es exclusivo de él. Por tanto, timidez y ansiedad
social no es el mismo concepto (el lector puede consultar
el apartado de timidez de esta
página para completar la información).
Que esta ansiedad sea más
intensa y frecuente y por tanto, desadaptativa, dependerá en
parte, de características personales y de estados
emocionales alterados, como baja autoestima, timidez, tendencia
a la ansiedad, y estados depresivos, entre otros.
Existen diversos grados de ansiedad
social. Es un concepto dimensional y no categorial, es
decir, puede ser normal o patológica en función
de la intensidad y/o de la frecuencia con la que se presenta.
Cuando son altas, puede dar lugar a la fobia social.